Escenarios Prestados

Escenarios Prestados

Cuando los espectadores se enfrentan a la obra de un artista “contemporáneo” de entrada se niegan a establecer un diálogo sensible y receptivo con ella y llegan generalmente de manera facilista a la frase común utilizada en estos casos tratándose de arte: “No entiendo nada”. Durante muchos años esta reacción me ha cuestionado. Si se habla de espectadores y artistas ubicados en el mismo plano, en el mismo tiempo y en el mismo momento, ¿por qué o cómo no se entiende una expresión plástica? Quien me dio las pistas para entender este entuerto fue David Hockney y su ensayo “El conocimiento secreto” en donde aclara de una vez por todas que el arte tiene más de científico que de habilidad. Que el arte renacentista tenía más que ver con lentes, matemáticas y lógica que con talentos divinos. Tal vez una de las razones que impide la apreciación de las nuevas expresiones artísticas es la atadura que los espectadores mantienen con las viejas tecnologías, es decir existe una fuerte tendencia a valorar todavía la habilidad manual a la hora de juzgar un trabajo de arte. Y es irónico, ya que el arte siempre ha estado relacionado con las nuevas tecnologías. Si se puede poner en estos términos, el óleo fue en su momento una nueva tecnología, producto de una investigación química que le permitió al artista poder copiar la realidad en su lienzo manteniendo el retrato o la escena húmeda, viva y suspendida hasta que el virtuoso pudiera hacer completo el registro fiel de su mirada. Así mismo, el dibujo desde siempre fue una expresión científica necesaria para el registro naturalista del mundo, otras veces se usó como propuesta analítica del espacio y de las formas y con la ayuda de la perspectiva —herramienta eminentemente científica— transformó el concepto de la imagen haciéndola más creíble. Tomando como referente Escenarios prestados, universos infinitos de la artista Johanna Arenas, se ve como a partir de una observación científica muestra un universo que no se podría definir a no ser por su capacidad de dibujante. Cada escenario no es más que un dibujo metódico, analítico y poético. La base del dibujo es la línea y la trama; el logro de la artista no estuvo en repetir lo que ya está hecho, sino en hacer ver lo que el espectador no ve. A través de la creación de cultivos vivos y su observación evidencia un mundo que replica un proceso de vida generando imágenes que hablan de la partícula, de la tierra, del universo, del tiempo, de la transformación y de la muerte.

Cada escenario plantea precisamente eso: un universo infinito, un fragmento del universo —prestado del universo— un ejercicio de paciencia (como el dibujo) de observar y registrar día a día como la materia se muere, se trasforma y se sublima.

Lo que pasa invisible ante los ojos del espectador cegados por la saturación de información es rastreado, fotografiado y sistematizado día tras día hasta obtener estos dibujos…, pero como ¿dibujo? ¡Sí! Dibujo, ya que las obras cumplen con todos los postulados de este; los escenarios son de una línea perfecta que se va sobreponiendo una y otra vez hasta lograr a través de la trama grises imposibles, volúmenes inexistentes y atmosferas gaseosas. Solo que la artista en este caso no usó carboncillo para realizarlos: ¡usó el tiempo como medio! Jorge Pachón Artista plástico, curador, docente en artes Mayo 28 de 2014